Berni, portavoz de la derecha K, pide cuarentena salvaje

Lo apoya Claudio Belocopitt. "Estamos en el Titanic", afimó.

Cristian Gonzalez

La pandemia golpea más fuerte que nunca en Argentina. Así, como un gancho al hígado del campeón del mundo de boxeo más poderoso de todos. El baño de realidad en el cotidiano, duele. Obliga a reflexionar. Invita a pensar si no llegó el momento de endurecer aún más las restricciones. Claro que no es simpático, agradable, hasta aconsejable para la salud mental. Los temores de volver al 2020, con la cuarentena más larga del mundo crispan los nervios hasta del más calmo. 

¿Pero hay otro camino? ante un colapso sanitario que ya existe y un sistema de salud que en breve (ojalá no ocurra) deba elegir a quién ponerle el respirador. Los índices de la segunda ola en el país son alarmantes. Ayer se reportaron 27.216 nuevos contagios (bajó un poco con respecto a días anteriores), con los que ya suman 2.796.768 los contagiados desde el inicio de la pandemia en el país. Sin embargo, se registraron 537 muertes, lo que significó un récord diario de víctimas fatales en el país. El acumulado de fallecidos subió a 60.620.

En esa línea de pensamiento es donde varios comienzan a levantar la bandera de la cuarentena dura. Sergio Berni fue el primero en ponerse ese saco y salió a propagar su mensaje, siempre ligado el ala más dura dentro del gobierno, y defendiendo el combate de la pandemia por sobre cualquier otro tema. "Mi opinión personal es que tenemos que ir a una cuarentena de verdad. Un día de inicio, un día de final y donde todo está cerrado, absolutamente todo", fue al hueso, el Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. "No debería haber ni transporte público, ni nada. Acá tenemos que discutir cómo hacer para que la gente no se mueran de COVID", agregó.

"El Gobierno tiene las herramientas necesarias para bancar un parate de máximo tres semanas. La pandemia tiene que tener una visión estratégica, una visión política. No puede estar en manos de los economistas ni de los epidemiólogos".

Ante el colapso sanitario, que ya no está en los libros ni se mira por la TV como ocurre en Europa, sino que se denuncia en varios hospitales de CABA y el AMBA, el Gobierno porteño suspendió por 30 días las cirugías en clínicas y sanatorios privados y las internaciones en los hospitales públicos para priorizar la atención de pacientes con coronavirus, ante el recrudecimiento de contagios que pone al límite el sistema sanitario de la Ciudad.

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Mientras Larreta sigue alimentando la bola de nieve que él mismo inventó por la presencialidad de las clases en CABA y la batalla judicial y política, en otros flancos debe tomar más acciones restrictivas que lo dejan en evidencia. No se puede tapar el sol con un dedo y mucho menos combatir una pandemia con mezquindades políticas partidarias. 

Fue el propio Jefe de Gobierno porteño quien debió firmar un decreto, donde ordenó a los "efectores del subsistema de salud privado y los de la seguridad social" a "reprogramar y suspender, durante el plazo de 30 días corridos, la atención programada y las intervenciones médicas vinculadas a patologías que con criterio médico no sean de carácter urgente o que no puedan ser discontinuadas o postergadas".

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La disposición, publicada hoy en el Boletín Oficial de la Ciudad, ocurre en respuesta a la situación crítica que atraviesan los 66 sanatorios y clínicas privadas que asisten a afiliados de obras sociales y prepagas en la Capital Federal, que llegó a un nivel de ocupación de camas de terapia intensiva que oscila entre el 95% y el 100%.

La medida está en sintonía con la reciente resolución del Ministerio de Salud de la Provincia, que dispuso la interrupción de las actividades programadas de internación y ambulatorias de los hospitales públicos a fin de "refuncionalizar" el sistema para fortalecer la atención de enfermos con Covid y tras superar el 70% de camas ocupadas para pacientes en cuidados intensivos".

Otro que recogió el guante y puso en caja la grave situación que atraviesa el país por la segunda ola del covid es Claudio Belocopitt"Están pelotudeando en la cubierta del Titanic: no hay dudas que los colegios son fundamentales, pero el estado de la pandemia lleva al cierre", afirmó el referente del sector privado de la salud, en declaraciones a radio La Red. 

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"Estamos en el peor momento; viviendo horas desesperadas y muy angustiantes. Ya no tengo más palabras para describir la situación y para transmitirle a la sociedad en general el gravísimo problema que estamos teniendo y nos afecta a todos; porque cuando el sistema está en estas condiciones lo sufren todas las patologías".

En el medio de toda esta ensalada, Alberto Fernández deberá decidir la semana próxima como sigue la historia más allá del 30 de abril. Seguramente volverá a escuchar la opinión de su entorno, de los especialistas que lo asesoran y sobre todo darle importancia a los índices de la segunda ola. Si la corriente de endurecer la cuarentena aumenta y toma fuerza como la ola del un tsunami, no podrá escapar a poner esta idea también sobre la mesa de decisiones. Lo cierto es que el próximo capítulo de esta serie... todavía no se escribió.

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